Siglos XII y XIII

Aunque San Bruno no pretendió crear una nueva orden religiosa, el singular modo de vida desarrollado en Chartreuse alcanzó fama y fueron muchas las personas que quisieron seguir los pasos de sus monjes. De esta manera se fueron conformando nuevas comunidades. Ya en el siglo XII se fundaron 36 monasterios, y en el siglo XIII un total de 34, en su mayoría ubicados en Francia. Esta expansión, desde luego en absoluto prevista por San Bruno, planteó una serie de problemas a los sucesivos priores o superiores de Chartreuse quienes, preocupados por mantener inmaculado el espíritu del fundador, decidieron tomar sucesivas medidas:

La primera de ellas fue elaborar una definición escrita del modo de vida instaurado por San Bruno que sirviera de punto de referencia fundamental para las nuevas comunidades que iban apareciendo. Tal labor recayó en Guigo, 5º prior de Chartreuse, quien redactó en el año 1127 las llamadas Costumbres, primer texto legislativo de la Orden, primer texto legislativo de l Orden, que fue aprobado oficialmente en 1133 por el Papa Inocencio II.

Fundamental también en la organización de la Orden fue también la institucionalización en el año 1141 del llamado Capítulo General, que es la asamblea de los priores de todas las cartujas fundadas, además de los miembros del monasterio madre de Chartreuse (denominada Grande Chartreuse o Gran Cartuja), presidida por prior de esta casa -que se erigió como el Padre General de la Orden-. La misión de este órgano era y es velar por el mantenimiento de la pureza de su modo monástico e introducir aquellas normas o prácticas que, de acuerdo con la experiencia, se consideran necesarias para la buena marcha de la congregación. Precisamente la sucesiva introducción de tales normas ha llevado a los cartujos a redactar en el curso del tiempo distintas ediciones de los llamados Estatutos, textos en los que, teniendo como base las Consuetudines, se integran las distintas ordinaciones establecidas por el Capítulo General.

Asimismo, importante fue la creación de figura del llamado visitador en el año 1217, cuya labor, como su nombre indica, era visitar periódicamente todos los monasterios de la Orden con el fin de controlar e inspeccionar si en ellos se seguía estrictamente lo establecido por los textos legislativos de la congregación y poner los medios adecuados para corregir cualquier desviación.

En definitiva, puede decirse que a lo largo de los siglos XII y XIII, la Orden Cartujana alcanzó su estructura básica, en cuanto a su sistema de gobierno se refiere. Además debieron ser eficaces las medidas tomadas ya que durante estas centurias no hubo cambios básicos en el modo de vida de las comunidades cartujanas que aplicaron con rigor los radicales principios de soledad y pobreza propuestos por el fundador. Así, como la primera cartuja, las de los siglos XII y buena parte del XIII se ubicaron en lugares inhóspitos, irregulares y solitarios, practicaron un tipo de economía muy simple basada en la agricultura y ganadería al cargo de los hermanos, carecieron de propiedades más allá de los términos de sus monasterios y sus cenobios se caracterizaron por su humildad y sencillez.

 
   
Expansión de la Orden Cartujana