La Orden Cartujana

La Orden cartujana es fruto del clima de general renovación que experimentó la Iglesia Católica hacia la segunda mitad del siglo XI y que afectó hondamente a mundo del monacato. Por aquella época, surgieron espíritus inquietos que comenzaron a proponer modos de vida monásticos, mucho más puros y exigentes y más acordes al espíritu evangélico, en especial en el punto relativo a la proverbial sencillez y pobreza cristiana, en buena medida como reacción contra la riqueza y el poder adquiridos por las grandes abadías de aquel tiempo. Fue por entonces cuando surgieron experiencias monásticas como la Camaldula, Vallombrosa y órdenes como la de Grandmont o, por citar la más conocida, la Orden Cisterciense que intentó volver al estricto cumplimiento de la regla de San Benito. Precisamente, el primer mentor del movimiento cisterciense, San Roberto de Molesme (1028-1111), vivió en la misma época que el fundador de la Cartuja, Bruno de Hartenfausts (1027/30-1101), hoy conocido como San Bruno. Ambos se conocieron y compartieron los mismos ideales de pobreza y desprendimiento del mundo. Sin embargo, si los monjes de San Roberto optaron un modelo de vida monástico basado fundamentalmente en la vida en común, San Bruno y sus hijos prefirieron la vida de dedicación Dios en soledad y aislamiento como los antiguos ermitaños.